Una escapada a Denver por un precio módico
Written by Luca Verne Thursday, 04 February 2010 11:28

Puede que la opción de un viaje relámpago no estuviera en el radar, pero con una buena oferta sobre la mesa, es cuestión de unos pocos segundos para cambiar de planes y hacerse a la idea de un viaje más que interesante. El ofrecimiento es Denver, Colorado, por 60 dólares de ida y otros tantos de vuelta, una auténtica ganga para un vuelo que normalmente cuesta 400 dólares como mínimo.
Fundada en 1858 como una ciudad de mineros durante la fiebre del oro, se ha convertido en el centro urbano más importante de Colorado, con una población superior al medio millón de habitantes y con cada vez más presencia hispana.
Y aunque un fin de semana no es demasiado tiempo, puede ser suficiente para cogerle el aire a una ciudad pequeña pero con mucha sustancia. Se puede empezar por la cuestión histórica, pero con algo mucho más divertido que el clásico museo con la historia de la ciudad, sino en la casa de una de las supervivientes más famosas del hundimiento del Titanic, la legendaria y combativa Molly Brown —interpretada en la taquillera película de James Cameron por Kathy Bates—, la esposa de un millonario que se presentó a las elecciones por un puesto al Senado mucho antes de que las mujeres tuvieran derecho a votar. Su casa está en Pennsylvania Street.
Después es buena idea ponerse a la altura de las circunstancias en el decimotercer escalón del Capitolio del estado de Colorado, justo enfrente del parque Civic Center. En ese punto, uno está exactamente a una milla de altura por encima del nivel del mar, una información que sirve para entender por qué a Denver se le conoce como la “high mile city”. A la hora de almorzar, atacar la ternera típica de la región es quizá la mejor idea, y ya puestos a recorrer la historia del lugar, nada mejor que Buckhorn Exchange, el restaurante más antiguo de la ciudad. Allí se pueden pedir los steak por la libra, hasta 45 como límite, para los que están dispuestos a morir comiendo.
Otra posibilidad, o quizá para la noche, es manejar unas 18 millas fuera de la ciudad hasta “Fort”, donde la carne de búfalo es ya una tradición.
Y después, para la rumba que nunca debe faltar en uno de estos viajes, nada mejor que Larimer Square en el barrio llamado LoDo (Lower Downtown), donde se descubrió oro por primera vez en Colorado. Algunos sitios recomendables son Rioja, donde preparan unos interesantes cócteles a base de tequila, Crú, una buena vinería o Open Bar, el night club más popular del lugar. Aunque mucho ojo con el alcohol y la altitud. El efecto puede ser devastador.
Para el día siguiente, es decir, el domingo, se puede comenzar con una de las joyas de la corona arquitectónica de la ciudad: el Museo de Arte de Denver, un cruce de grandes líneas rectas de latón muy en la línea del Guggenheim de Bilbao, aunque este edificio sea obra de Daniel Libeskind. Dentro, la colección ofrece interesantes sorpresas del más moderno arte contemporáneo.
Por la tarde, justo antes de regresar a la rutina angelina, es buen momento para darse una vuelta por el centro comercial de la calle 16, célebre por su ruta verde, por estar cerrado al tráfico y tener un gran número de tiendas y cafés para pasar una tarde esplendorosa.
Luego, de vuelta al aeropuerto, a unas 20 millas del centro, y de vuelta a casa después de conocer una de las ciudades más interesantes del Oeste americano.
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