Aprender a Desnudarse
Written by Almudena Calatrava / EFE Reportajes Wednesday, 20 April 2005 08:00
Para reconquistar al amor perdido
Todo sea por reconquistar al amor perdido. Eso es lo que enseña una academia de “striptease” de Ciudad de México, donde cualquier mujer, sin importar los kilos o años de más, aprende el arte de desvestirse para recobrar la chispa de la seducción.
Cualquiera puede hacerlo
En Platinum High Class la profesora Andrea Garfias, una morena curvilínea de 32 años, está convencida de que todas pueden cumplir la fantasía de convertirse por unas horas en “strippers” si aprenden la sencilla pero eficaz técnica que imparte desde hace diez años.
“Aquí viene de todo. Las que quieren enamorar otra vez a sus maridos, cazar novio o quitarse la vergüenza”, señala la bailarina, quien dirige su academia en la parte posterior de un local de venta de artículos eróticos para despedidas de solteras.
Entre fotos de modelos masculinos en ajustadas tangas y espejos colgados en la pared, las alumnas se preparan para aprender de la exótica “stripper” el abecedario de cómo quitarse la ropa con parsimonia, picardía y mucho erotismo, en lo que dura una canción.
Para su alumnado mayoritario de mujeres -hay algunos hombres que se han animado a acudir a la academia- Andrea ofrece la posibilidad de que, una vez están entrenadas con la “técnica coreográfica” de quitarse la ropa, puedan graduarse en “table dance”.
Como los locales donde se hacen espectáculos de ese tipo que proliferan en Ciudad de México, las alumnas aventajadas aprenden a hacer un baile “sexy” sobre una mesa o en el regazo de un hombre.“Pero con el ‘striptease’, la verdad es que la mayoría de las alumnas creen que no necesitan nada más y se van tan contentas”, dice la experta.
Alumnas variopintas
Enfermeras, estudiantes, doctoras en ciencia y amas de casa han pasado por esta academia en la que hay un examen de graduación al que están dispuestas a presentarse alumnas con capacidades aparentemente más limitadas, como las que tienen 60 años o sobrepeso.
Para lograr un sobresaliente, la mejor calificación, es necesaria una atractiva expresión facial y corporal y saber “contar una historia” a medida que una se va despojando de la ropa en sincronía con la canción elegida para la prueba de graduación.

Secretos del oficio
“Hay que saberse acariciar, perder el miedo al cuerpo, y es absolutamente necesario mirar a los ojos de la persona a quien se dedica el ‘striptease”, explica Andrea, quien durante sus clases aparece enfundada en una minúscula tanga y un sostén provocador.
Otro requisito importante es aprender a caminar. “Las mexicanas hemos perdido la capacidad de movernos sensualmente. En el Distrito Federal todo se hace de prisa”, se lamenta la “stripper”. Graciela Gómez, de 48 años, es una instructora de Tai Chi que desde niña tenía el sueño de “bailar y quitarse la ropa” y que acaba de empezar a tomar clases. “Mi marido está encantado”, afirma sobre su plan de hacerle un espectáculo en casa en cuanto tenga la menor oportunidad.
Otras alumnas sostienen que no tienen pensado quitarse la ropa para nadie en particular, sino para sí mismas, porque simplemente quieren sentirse más libres y desinhibidas. “Si mi novio se lo gana a lo mejor le hago un desnudo”, afirma una estudiante de biotecnología de 26 años, para la que las lecciones que está tomando le permiten “adquirir confianza y seguridad”.
Durante las clases, las más tímidas no tienen por qué desnudarse completamente si no quieren. Basta que aprendan a hacer los movimientos adecuados. Según la profesora, muchas de las mujeres que acuden a este lugar padecen del mismo mal: perdieron la ilusión inicial que disfrutaban en las relaciones con sus parejas. La monotonía fue matando poco a poco la atracción que sentían y necesitan renovarse.
No hace falta un cuerpazo
La “stripper” afirma que las mexicanas pueden ser “muy tímidas o muy lanzadas”, sin término medio. Aunque las menos pudorosas son las que mantienen relaciones con hombres casados. “Aquí han venido señoras de Las Lomas (un barrio de clase alta) a las que sus maridos les pidieron que rompieran sus tabúes y una chica de cien kilos que decía que era invisible para los hombres y lloraba cuando escuchaba una canción romántica”, explica.
“Con la rutina del baile y unas cremas especiales, me dijo que había logrado bajar a 70 kilos”, asegura esta “stripper” que cobra 2.000 pesos (155 dólares) por cada curso de entre 10 y 12 horas de duración, que suele ser el tiempo requerido de aprendizaje de un alumnado con habilidades físicas promedio.
La profesora no suele dejar que los hombres presencien las clases que imparte en grupo o de forma individual, según se sientan más o menos cómodas las alumnas.
“Los hombres quieren dar órdenes a sus mujeres de cómo moverse, y aquí la única maestra soy yo”, asegura. Sostiene que para “hacer un buen desnudo no hace falta tener un buen cuerpo, igual que tampoco es necesario para hacer el amor”.
“Nos vendieron mucho tiempo el estereotipo de mujer alta y delgada. Pero lo más importante es la belleza interna”, recuerda Andrea Garfias.
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