"Si no hubiera hecho yo de Ripley, hubiera venido otra"
Written by Luca Verne Monday, 07 December 2009 15:43
Sigourney Weaver ha envejecido sin que nadie se diera cuenta. El segundo martes de este pasado mes de octubre cumplió 60 años, feliz pero sin fuegos artificiales. “La verdad es que me siento exactamente igual”, confiesa con ironía, como queriendo regresar a su estrategia de madurar en silencio. Para rematar el plan, todavía tira de papeles en donde es la de siempre, una mujer de acción, con menos protagonismo eso sí, pero dejando señales de haber pasado por allí.
Cierto es que no hubiera sido lo mismo si en una cinta de James Cameron no hubiera estado su musa neoyorquina, la misma que se desgañitó peleando contra aquellos “Aliens” que la hicieron inmortal. Por eso Weaver, que confiesa que acaba de cumplir 25 años de casada con un surfero de Hawai, estará en “Avatar”, la gran creación del hombre que destrozó todas las marcas de taquilla con “Titanic”.
Ataviada con un elegante vestido negro, dice desde la butaca de un gran hotel de Los Angeles que como Cameron no hay ninguno, que ha roto todos los moldes de lo conocido y que en esta aventura —que traslada al espectador hasta el planeta Pandora— la gente podrá sentir como nunca antes.
“El público va a oler y a sentir y a estar allí (Pandora). No puedo creer que una película haga eso pero lo hace, y además tiene una fabulosa historia escondida por debajo de todo eso. Como actores haciendo esta película, somos conscientes de que somos parte de algo que tendrá un gran impacto en el cine, sin duda”, dice la actriz de 1,81 metros de estatura.
Tiene pinta de que así será. La expectación que ha despertado es tal que ya circulan apuestas de si Cameron será capaz de batir su propio récord. Lo intentará con un mundo fantástico, un planeta con una naturaleza desbordante y unas criaturas azules con su propio idioma y conocimiento del medio. En toda esta historia, Weaver es la doctora Grace Augustine , la mujer que ayuda al protagonista a viajar hasta el lejano planeta en busca de una batalla crucial para ambos ecosistemas.
“Estoy segura de que la gente la va a querer ver más de una vez”, explica la protagonista de “Cazafantasmas”. “La primera vez sólo para tener el privilegio de verla, la segunda para ver si viste realmente lo que crees que viste, la tercera para relajarse y disfrutarla y la cuarta para volver de nuevo a tener la misma experiencia”.
Lo dice por todo el lujo de detalles que despliega la cinta, con nuevas especies de plantas y animales exóticos. Por eso Cameron eligió Hawai y Nueva Zelanda para el rodaje, aunque gran parte de la cinta se grabó gracias al uso de tecnología que hace años no existía. “Nos pasamos una semana ensayando en Hawai. Atravesamos el bosque tropical, aprendiendo a como ser una botánica porque la ciencia es muy importante para Jim. Después nos dedicamos a filmar, que para nosotros era básicamente saltar con trajes negros con cámaras en la cabeza, las orejas y la cola, pretendiendo que estábamos en Pandora”, explica la actriz.
Pese al cambio tan radical de actuación, Weaver asegura que no es más difícil para ella como actriz ni más complicado que cuando empezó en el cine. “Es como ser un niño de nuevo y es muy fácil para los actores imaginarse estas cosas y pretender estar en otra parte. Creo que fue excitante pero para nada difícil en términos de interpretación”.
Sí reconoce que fue un papel “físico”, que había que estar en forma. “Tuve que literalmente correr por el bosque, pero me gusta esa clase de pruebas. Me gusta hacer senderismo y nadar, así que no fue difícil”.
Pese a todo, no sabe muy bien cómo explicar por qué Hollywood nunca ha podido apartarla del todo, por qué nunca fue capaz de encontrar un rostro tan específico para dar vida a tantos y tan distintos personajes.
“No sé… puede que sea porque mis agentes creen que puedo hacer cualquier cosa. En realidad nunca me he tomado el negocio demasiado en serio. Soy afortunada porque tengo a jóvenes directores que quieren trabajar conmigo, que crecieron viendo mis películas y creen que puedo hacer cualquier papel. Por supuesto que no es cierto pero sigo teniendo muchas ofertas de trabajo”, explica esta neoyorquina, nacida y criada en el seno de una familia acomodada de Manhattan.
De su infancia recuerda que tardó un tiempo en superar su complejo de altura —era la más alta de su clase con diferencia—, soportando la presión de las burlas de sus compañeras. “Lo que hacía era que me metía conmigo misma antes de que nadie lo hiciera, así que me convertí en el payaso de mi clase y conseguí mi equilibrio”. Hasta que acabó por darse cuenta de que era una gran ventaja. “Así hice mi carrera en realidad, siendo distinta”.
De momento no tiene intención de parar, aunque el Oscar no es su verdadera motivación. “Eso ya no importa”, dice con una sonrisa sincera. Pese a que le ha sido esquivo el máximo reconocimiento de la Academia, es una de las pocas actrices que ha estado nominada a mejor actriz con un papel de ciencia ficción —por su trabajo en Aliens— además de otras dos veces por “Armas de mujer” y “Gorilas en la niebla”.
“Creo que si no hubiera sido yo la que hizo de Ripley hubiera venido otra”, dice entre risas. “En la época en que hice el papel, las mujeres estaban incorporándose al mercado laboral con trabajos que sólo los hombres habían hecho antes, así que creo que fue el momento justo para que saliera esa película”.
Ahora, en los tiempos que corren, su máxima preocupación es el calentamiento global. “Avatar no es sobre eso pero definitivamente tiene un mensaje muy fuerte en el sentido medioambiental. Es sobre el respeto a las especies y el poder de la naturaleza. Hay tanto que no sabemos sobre nuestro planeta y lo estamos destruyendo. Es algo que podemos parar”.
De momento se conforma con volver de vez en cuando a su San Sebastián del alma, lugar del que guarda un recuerdo especial, “sobre todo de ese mar que huele a ostras. Fabuloso”.
Y sobre lo que viene es optimista pese a que mucho de lo que ha hecho últimamente no ha visto la luz. “Cosas de los productores, que se creen con derecho a almacenar trabajo que debería ver el público”. Aún así sigue empeñada en hacer carrera con el cine mientras lleguen ofertas, aunque buscando el equilibrio entre el trabajo y su vida. “Me gusta estar en familia, ir a la ópera, disfrutar de la naturaleza. No soy una adicta al trabajo, ni mucho menos”.
Lo dice alguien que ya ronda las 50 películas y que habla de la última como si fuese la primera, como un niño con zapatos nuevos.
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